El nuevo proyecto de la Plaza de la Constitución cuesta ahora el doble (1.600.000 euros) y devuelven oficialmente una subvención concedida por la Comunidad Autónoma de casi 400.000 euros por puro sectarismo.
Esto no acaba aquí: fulminan la historia de Alhama y con ella más de 30 árboles históricos, algunos con protección patrimonial. Ni ha sido consensuado con los vecinos, ni ha sido explicado públicamente, ni se les ha permitido opinar. Simplemente se ha impuesto.
¿Resultado? Un dinero perdido que pagaremos todos los alhameños, en un momento donde los parques están abandonados, las aceras destrozadas, las carreteras sin mantenimiento y los servicios básicos saturados. Y todo para alimentar un proyecto faraónico que nadie ha pedido y que ni siquiera respeta la identidad de nuestra plaza más emblemática.
Esta obra no responde a las prioridades reales de los vecinos. La gestión municipal exige rigor, respeto por el dinero público y, sobre todo, responsabilidad. Y lo que estamos viendo es todo lo contrario: imposición, derroche y una profunda desconexión con la realidad de Alhama.
Vamos a seguir denunciando cada euro malgastado y cada decisión que se aleje del interés general. Porque gobernar no es imponer, es escuchar. Y lo que está en juego no es un proyecto de partido. Es el futuro de todo un pueblo.
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